El verano es una época diferente
para todos los que tratan de vivir
su fe de forma adulta. El clima
general de descanso, las vacaciones
de los niños, los desplazamientos
y el calor son realidades
con que se encuentra el cristiano
medio a la hora de perseverar en
la escucha de la Palabra, en la
oración, en la práctica de los
sacramentos e incluso en el ejercicio
de la Caridad.