«Cuando ocurre una desgracia de esta magnitud en una ciudad, los polideportivos se llenan de gente que no tiene donde pasar la noche, pero en los pueblos como este los polideportivos se quedaron vacios, porque fueron las familias y los amigos los que acogieron a aquellos que lo perdieron todo, esto demuestra la importancia de la familia», explica Francisco Javier Sánchez, el párroco de Álora y arcipreste, de una de las zonas afectadas por las inundaciones del pasado 28 de septiembre.