El monasterio suele ser un edificio amplio, con una iglesia excesiva, con corredores inmensos, varios claustros, jardines, fuentes y lugares recónditos: cocinas y bodegas. Por estos espacios, entre lo sagrado y lo terrenal, se mueve el monje con rapidez o parsimonia, dependiendo de la edad y del estado físico. Es muy común ver a un monje solo pero todos coinciden en los actos comunes de oración y recreo: rezos, comedor y trabajo...