Los medios de comunicación han convertido el planeta en una aldea, pero los aldeanos se ha vuelto indiferentes.
La globalización de la indiferencia. Es una frase pronunciada por el Papa que resume los sentimientos de un mundo cada vez más atomizado donde la gente siente, como nunca, la soledad del islote. Los medios de comunicación han convertido el planeta en una aldea, pero los aldeanos se ha vuelto indiferentes. Tenemos la voluntad del náufrago, el alma del tendero, la mente del avaricioso contador de ganancias que no sabe cuántas llaves le faltan a la puerta de la terraza.
Hemos globalizado la indiferencia. Hermosa frase. La pronunció el Papa Francisco en la isla de Lampedusa, una de las ventanas por donde el llamado tercer mundo busca un istmo que le lleve a donde – es increíble- la gente come tres veces al día y los niños beben leche y nadie muere de malaria y…
El Papa echó una corona de flores al agua. Algunos dicen que lloró. No lo sé, pero no me extraña. Allí en las aguas de lampedusa han muerto miles de ilusiones. En Lampedusa el aire está lleno de suspiros. Los alientos de la amargura no se destruyen nunca. Hacen rosquitas impertinentes y elevadizas que claman a Dios. Es curioso, el día que el Papa arrojó la corona a las aguas de Lampedusa los valores bursátiles de las más importantes “balsas” del mundo cotizaban al alza. Cosas que pasan.
Ya que hablamos de islas y de mares, Virgil Gheorgiu, el inolvidable autor de la “Hora 25”, dijo que los submarinos -él siempre comparó el mundo con un submarino- tienen que renovar el aire de vez en cuando. De lo contrario se asfixian los tripulantes. Hay que dar un paseo por la superficie.
La indiferencia nos mata. No nos damos cuenta de que estamos muriendo de soledad individualista. Hay que emerger o morir.
