Snowden es el pajarito escapado de la jaula donde unos cuantos mantienen las puertas cerradas. Sólo eso.

Los espías medievales

Snowden, el espía trashumante convertido en buscador de asilo político, se ha convertido en un símbolo de esta época. De momento, vive recluido en el aeropuerto de Moscú como una especie de archivo viviente al que unos quisieran estrujar (no sé si en realidad o en metáfora) y otros, sencillamente, enmudecer de por vida. Los periódicos vuelven a traernos noticias de las dos alternativas con indicación expresa de que, por encima de todo, hay que mantener intactas las relaciones diplomáticas de los grandes. La mentira ha sido siempre moneda básica e intercambiable en este tipo de relaciones pero últimamente el equilibrio resulta más frágil y difícil de manejar. Hay un tercero que no se atiene a las reglas establecidas. Hay alguien que habla en “medieval”, si puede decirse así, y todos los demás en “siglo XXI”.

Snowden huyó por repugnancia al espionaje privado. O sea, por negarse a formar parte de de un sistema que tiene capacidad para penetrar en la vida privada, intima incluso, de las personas. Tecnicamente e es posible y la experiencia nos ha mostrado que cualquier cosa que pueda hacerse se hace al margen de los escrúpulos y formalidades que surjan alrededor.

Hay un mundo islámico radical que vive en el siglo VII. Es un mundo capaz de eliminar a tres mil personas en unos minutos. ¿Cómo se siguen sus movimientos? Es difícil argumentar elementos morales en esta etapa de la Historia. Y, sin embargo, esta comprobado que se utilizan razones de esta índole para introducir a todo mundo en un auténtico y monstruoso “Gran Hermano”.

Se está dando la paradoja de que existen dos mundos que hablan en la misma dimensión escénica a través de catorce siglos de distancia. Y no olvidemos que bajo esa condición atemporal que emplea códigos distintos de entendimiento, hay un campo de hambre que alberga rencor desde hace años, que sabe muy poco de preceptos religiosos pero cuyos niños, al nacer, ya maman sinrazones, in justicias y motivos de venganza.

Se nos está muriendo el tiempo. Snowden no es más que un hilo suelto en la enorme madeja universal que cada día tejen unos y otros. Snowden es el pajarito escapado de la jaula donde unos cuantos mantienen las puertas cerradas. Sólo eso.

Por cierto, cuando pienso en mi Nuevo Testamento, seiscientos años más antiguo que toda la nomenclatura religiosa que comentamos, pienso ¡Dios mío, qué moderno es!