Hay muchas cosas en el alma humana que no dependen del riego sanguíneo ni del comportamiento de las células
Es cierto; la muerte llegó a bordo de un tren.
Este año no han sonado gaitas en honor del señor Santiago. La plaza del Obradoiro está abarrotada de lamparitas fúnebres. Han colocado el epílogo de la fiesta antes que el prólogo.
Se acabó la vida que une entre sí dos momentos del espacio. Aquella que es larga, ancha, alta… Pero hay otra vida que sueña, llora y, sobre todo, ama.. ¿Muere también? Creo que no. Los deseos poseen a la vida no al revés. Cada uno de los habitantes del tren de la muerte corría ya a cuatro kilómetros de la estación. Cada uno; que conste. Quiero decir que sentían la llegada de forma distinta; a su manera. El ser humano es singular por naturaleza. Por eso Jesucristo llama de uno en uno: Ven Pedro; sígueme, Mateo… El amor es así, único, individual. Luego, desde su singularidad se proyecta a lo general. A los hijos, por ejemplo. Pero siempre germina en alguna parte donde aún no han llegado biólogos ni psiquiatras. Por eso no creo que esa riqueza desaparezca en cuatro kilómetros. No puede haber cuatro kilómetros entre la vida y la muerte por muy deprisa que vaya la locomotora. Iban a cuatro kilómetros del final. ¿Del final de qué? Todo es una paradoja, un disparate. Morían a velocidad de segundero pero, de momento, seguían vivos. Es apasionante esa película de cuatro kilómetros. ¿Supieron algo inédito? Dicen que la pre-muerte trae relatos nuevos al conocimiento. Ellos vivían el último contrasentido, la paradoja final: se iban por los agujeros de la velocidad mientras preparaban el equipaje y las ilusiones para la llegada.
La muerte de un ser humano no puede ser una suspensión definitiva de la vida. La vida humana está compuesta de elementos inmortales. Hay muchas cosas en el alma humana que no dependen del riego sanguíneo ni del comportamiento de las células: son cosas que están más allá de los puntos cardinales; por eso, no pueden morir con la muerte. Ya digo, veían que llegaban y, en realidad, se estaban yendo. Con toda seguridad, viven.
