Ya estamos de nuevo en vísperas de celebrar la Navidad. ¡Qué rapido corren los años! A mí estas fiestas me producen sentimientos encontrados, además de tener un año más. El primero, el verdaderamente importante y único, es recordar el Nacimiento de Jesús, recordar que allí, en la sencillez y pobreza de un pesebre, se inició nuestra salvación, con Dios hecho niño, que vino al mundo para ofrecernos la vida eterna.

En estos días podemos contemplar infinidad de belenes, invito a todos a mirarlos con los ojos del corazón, a ver en ellos, no la belleza de los mismos -que también- sino a la verdadera esencia que en ellos se expresa.Y ella es, ni más ni menos, que el principio de nuestra vida eterna. Sin todo esto ¿qué celebraríamos? Pues solamente la llegada del invierno. No se nos olvide que esta fiesta no sería tal si no hubiese acontecido el nacimiento de nuestro Niño Jesús, que nació para todos, creyentes y no creyentes.

Y éste es mi segundo sentimiento. Me encanta ver las calles de nuestras ciudades adornadas, me gusta el bullicio de las mismas, me gusta todo lo que lleva tras de sí esta fiesta. Pero os invito a que penséis detenidamente ¿todo esto lleva a mi primer sentimiento?¿ o más bien a un consumismo brutal? Los comercios -como no puede ser de otro modo- nos ofertan de todo, que indiscutiblemente hay que consumir dentro de las posibilidades de cada uno, con raciocinio y cabeza.

Voy ahora a otro capítulo, la familia. Son días de estar reunidos, pero estaréis conmigo en que hay familias en las que algunos de sus miembros van un poco como obligados, y sin comerlo ni beberlo salimos a relucir las madres -que si toca con la tuya, que si con la mía- etc. No me tachéis de negativa, creo que es la realidad. Y ése no es el espíritu navideño.

Afortunadamente, no es mi caso. Si así fuera, yo quiero que a mi casa vengan si les apetece; ni mucho menos obligados por las circunstancias. Con auténtica libertad y cariño.

Y un tercer capítulo y el más doloroso, es el de tantas personas que no pueden celebrar con alegría, ni discutir ni nada de nada, por carecer de lo más importante, un techo dondo guarecerse, y poderse tomar algo caliente.

Tengamos para todos ellos una oración, para que las cosas les funcionen mejor el proximo año.

A pesar de todo lo dicho es obligado desearos a todos ¡FELIZ NAVIDAD!