El acto de los presos de ETA recién excarcelados fue escueto. Prácticamente un comunicado sucinto, pero pocas veces algo tan simple ha levantado tanta controversia.

El acto de los presos de ETA recién excarcelados fue escueto. Prácticamente un comunicado sucinto, pero pocas veces algo tan simple ha levantado tanta controversia. Las víctimas del terrorismo y sus respectivas organizaciones -nunca en España se conseguirá la unidad en nada- sintieron el pinchazo de la repulsa, pero, en general, salvo el PNV, que hizo un análisis puramente político, lo que pudiéramos llamar el cuerpo social español rechazó de plano lo que consideró un alarde absurdo de “petulancia siniestra”.

Desde luego el curriculum de la banda no está para discursos reivindicativos. En total, podemos contar unos dos mil muertos mas sus respectivas secuelas de dolor, amarguras y soledad. Esas cosas carecen de unidad de medida. Hay en todo este recuento algo que exige la lógica y la inteligencia: ¿Por qué? El pensamiento humano pide siempre el auxilio de los porqués para entrelazar razonamientos entre sí. Lo contrario es el ámbito de la locura.

Es que no merece la pena echar mano la Historia cada vez más adulterada y servida a “la carta” por intereses políticos, sino al puro discurrir de la vida. Por ejemplo, hace tiempo que deseo “digerir” intelectualmente el concepto "Patria". La sociología de los últimos tiempos nos ha demostrado que patria en exceso es, en realidad, la plasmación de un orgullo colectivo que trata de imponerse sobre otras naciones vecinas. Detrás de la patria llevada al extremo hay una raza… Detrás del racismo una violencia cerril. La Patria alemana, dirigida por Hitler arrasó Europa. La de Mussolini no quedó atrás. José Antonio, mucho más moderado sin duda, decía que «cuando se ofende la dignidad de la patria no hay más dialéctica admisible que la de los puños o las pistolas».

El Señor Jesús decretó que la patria de todos los hombres es el propio hombre. Lo puso de manifiesto al hacerse hombre. No hay razas humanas. Eso vale para los animales. El que, simplemente, insulta a su hermano –otro hombre- es reo del infierno. Esto también lo dijo el Señor.