He recibido un mensaje angustioso de una amiga. Me decía con un temblor que acentuaba sus palabras: -¡Qué vamos a hacer ahora sin Fernando!- Mi respuesta la tomo de las palabras que él pronunciaba cuando le planteábamos una dificultad: ¡No tengáis miedo!
Fernando Jiménez Villarejo era así. El payaso de Dios. Cuando las cosas estaban difíciles en un cursillo, cuando alguno de los presentes se debatía ante sus dudas, al terminar aquél día Fernando sacaba, de no se donde, unas trenzas rubias, un acento alemán y un maravilloso juego de pulgas amaestradas. Con su cara sonriente, que intentó imitar Benedicto XVI (su sosías), conseguía transmitir calma y sacar de cada uno de nosotros lo mejor que teníamos. Mientras, repetía: No tengáis miedo.
El otro día asistí a la fiesta de su despedida de este mundo. Me la imaginaba así, pero me quedé corto. Poca jerarquía y mucho pueblo. Alguna autoridad y mucha gente corriente. Canciones y muchas lágrimas. De seglares y de curas.
¿Que vamos a hacer ahora?: sentirnos libres, como debemos estar los seguidores de Jesús y hacer lo que podamos. Nada más y nada menos que lo que podamos. Imitar la actitud de ese cura ante la vida. Seguir el ejemplo que nos mostró mientras estuvo entre nosotros.
Hace más de treinta años Lole y Manuel sacaron una canción con letra de Alejandro Sanz. Parece que estaba escrita para recoger los sentimientos de Fernando; por eso sonó en su despedida. Una letra que recoge el pensamiento que él nos transmitió con su vida. Me permito copiar su texto como si se tratara de su testamento.
Tó el mundo cuenta sus penas
pidiendo la comprensión
quien cuenta sus alegrías
no comprende al que sufrió
Señor de los espacios infinitos
tu que tienes la paz entre las manos
derrámala Señor te lo suplico
y enséñales a amar a mis hermanos
De lo que pasa en el mundo
por Dios que no entiendo "na"
el cardo siempre gritando
y la flor siempre "callá"
Que grite la flor
y que se calle el cardo
y todo aquel que sea mi enemigo
que sea mi hermano
Vayamos por esa senda
a ver que luz encontramos
esa luz que esta en la tierra
y que los hombres apagamos
Señor de los espacios infinitos
tu que tienes la paz entre las manos
derrámala Señor te lo suplico
y enséñales a amar a mis hermanos
Y enséñales lo bello de la vida
y a ser consuelo en todas las heridas
y amar con blanco amor toda la tierra
y buscar siempre la paz, Señor
y odiar la guerra.
Todo es de color. No tengáis miedo.
A Fernando Jiménez Villarejo. In memoriam.
