Ante esa avalancha de noticias y de situaciones, nuestra cabeza se llena de juicios y nuestro corazón de sentimientos. Para transformar estos juicios y estos sentimientos en obras, es imprescindible pararse.
Hay momentos en la vida en los que, dado el exceso de información y lo “variado” de la misma, te entran ganas de echarte al monte o de esconderte con los Lamas en el Tíbet. Lo fácil es hacer lo que hacen los políticos o los periodistas “de camiseta”. Decir que “tú más”, o airear problemas y no aportar soluciones. Ante los gritos de auxilio de los inmigrantes de Ceuta y Melilla, las penalidades de las embarazadas que se encuentran en la dolorosa encrucijada del aborto, de la proliferación de familias rotas y de otras muchas circunstancias dolorosas, lo que hacemos es tomar una opción que tiene mucho que ver con lo que nos dictan nuestras preferencias políticas y no con lo que nos dicta el corazón… Como el problema no es nuestro… También nos molesta que se nos recuerde que los cristianos tenemos que vivir de acuerdo con lo que propugnamos, especialmente aquellos que tenemos una responsabilidad y somos un espejo en el que se miran los demás. No podemos perder de vista que, por encima de todo, tenemos el camino que nos traza el Evangelio. Aunque nos cueste, que nos cuesta.
Ante esa avalancha de noticias y de situaciones, nuestra cabeza se llena de juicios y nuestro corazón de sentimientos. Para transformar estos juicios y estos sentimientos en obras, es imprescindible pararse. Y pensar. Rodearte de una música adecuada y de unos sentimientos positivos. A mí me va muy bien “enchufar” una página de mi ordenador que me ayuda a serenarme. Se llama “rezando voy” (www.rezandovoy.org). A lo largo de una docena de minutos te transmite el mensaje de Jesús de cada día, reflejado en el Evangelio, entre unos silencios valorativos y una música apropiada. Te deja como nuevo. Tu alma se serena y tú intentas seguir luchando cada día por intentar hacer un mundo mejor. En una sociedad en la que te pasas la vida hablando por teléfono, enganchados a las redes o mirando la televisión, esos minutos te llevan a un remanso de paz. Os lo prometo.
Por cierto, si encima lo que piensas lo pasas al papel, te encuentras con que, sin querer, has publicado 101 entradas en el blog de la Diócesis. No está mal. Por lo menos me ha servido para verme por dentro y pensar en el segmento de plata.
