No estoy quejoso, pero me siento solidario con mis “colegas incomprendidos”. El “pater familiae” se convierte en ese señor mayor que no termina de encontrar su sitio en el hogar
Uno, en su modestia, se siente padre, papá, papa, papaíto, como queramos llamarle. Pero uno, en su visión nublada por la provecta edad, cree observar que estamos perdiendo más puntos que el Alcoyano en sus malas rachas. Parece ser que los padres, varones, pintamos poco. Desde el “nosotras parimos, nosotras decidimos”, hasta la supresión del día de San José como festivo, parece ser que se nos ha convertido en un bulto sospechoso y casi innecesario.
Nuestro patrono, San José, pasó también un poco por la situación de permanecer en segundo plano. Pero estuvo allí, calladito. Menos en las Bodas de Caná, donde supongo que recogió la petición de la “peña” y pasó el mensaje a la Virgen María, que puso al “niño” a trabajar, con el objetivo de salvar la situación y concluir con una celebración feliz.
El padre ha pasado, en muchas ocasiones, a convertirse en un cajero automático, un administrador pésimo y una especie de vigilante de los modos y a las modas. Eso en el mejor de los casos. Después, al jubilarse, en un especialista en bolsa… de los mandados, un receptor-transportista de nietos y, en muchos casos, una financiera que pone las pensiones al servicio de los que lo necesitan, que son muchos.
Rescatemos el valor del padre, que ha superado la etapa del “colegueo”, no lo dejemos todo para el “qué bueno que era”. Personalmente, no estoy quejoso, pero me siento solidario con mis “colegas incomprendidos”. El “pater familiae” se convierte en ese señor mayor que no termina de encontrar su sitio en el hogar.
No queremos corbatas ni colonias; o tal vez sí, que nos vienen muy bien. Queremos ser el papaíto de siempre. Ni más, ni menos. Con nuestros defectos y nuestras virtudes. Yo he plantado un árbol, he escrito un libro y sobre todo, he tenido hijos, lo mejor que me ha podido pasar. Y de lo que me siento muy orgulloso. Qué porras. Hoy me siento especialmente feliz.
