Elena Valenciano, cabeza de lista a las europeas por el PSOE, acusa a las derechas de querer llevar otra vez “el catecismo a las escuelas”. Esa “maldad”, dice Elena, ocurrirá si permitimos que ganen.
Por lo tanto, los españoles, de acuerdo con esta infatigable advertidora, deben tener mucho cuidado no sea que, sin darnos cuenta, nos encontremos otra vez con el Catecismo.
Con independencia de la falsedad que la misma afirmación implica - no olvidemos que la enseñanza de la religión está perfectamente regulada y que en cualquier caso, es voluntaria- vincular el Catecismo con un concepto político como el término “derecha” resulta bastante desafortunado y anacrónico.
Dicen que en la vocinglería política cabe todo. Puede ser. Quizá por eso, cada día hay mayor separación entre la sociedad real y esa otra, coyuntural y oportunista, que aporta la política.
¡El Catecismo! Creyentes o no, pocos dudan del valor de su enseñanza. El Catecismo ha dado sentido a la vida de millones de muchachos en los comienzos de su vida. Porque vivir no es discurrir hacia la opacidad del porvenir en busca de un futuro sin respuestas esenciales. Por el contrario, es responder a las interrogantes que plantea el alma y a las que no contesta nada el animal que nos acompaña desde que descubrimos el mundo. La existencia me muestra unos deseos que no sacia ni completa el sexo, la muchedumbre o el alcohol.
El Catecismo viene a mi encuentro y me indica que Alguien que me ama dijo un día: “Si te piden, da y si te deben, no pidas… Tu Padre no te dejará nunca.” O sea, que tengo un Padre que, en las penumbras de cada día, no me deja y no solo me pide que ame a los demás sino que me da la fuerza para hacerlo.
Dice Elena Valenciano -hay que ver- que la derecha quiere llevar el Catecismo a las escuelas.
¿Quienes son “la derecha”? Hace mucho tiempo que no existen. Ni las izquierdas tampoco. Se las llevó a todos los vientos de la soberbia y la codicia. Hoy solo queda el desierto de las ideas que trata de imponerse sobre el oscuro vacío de los ideales muertos. La acumulación de dinero a toda costa todavía no ha recibido nombre.
