Hoy en el Evangelio, Jesús nos dice que sigue vivo entre nosotros. Seguimos celebrando este tiempo de Pascua que es como un domingo a lo grande, que dura cincuenta días.

Y vivimos la alegría de saber que el Señor es más fuerte que la muerte, y que la ha vencido con su gloriosa Resurrección. La vida del cristiano, por tanto, debe ser la de quien sabe que Dios está a su lado, y habiendo experimentado esa presencia y ese encuentro, siente cómo su vida cambia. Por supuesto que el encuentro con Cristo Resucitado cambia la vida, ...a mejor. Pero esto sólo es posible gracias al Espíritu Santo.

Precisamente, hoy Jesús nos alienta con esa buena noticia: "Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad". No nos dejará solos; nos enviará al Defensor, al Espíritu Santo, que nos une a Cristo y que hace posible esa vida de comunión con Dios Padre y con los hermanos.

Estamos llegando al final del tiempo de Pascua, y está cerca ya la fiesta de Pentecostés. Estamos pidiendo incesantemente que venga sobre toda la Iglesia la fuerza siempre renovadora del Espíritu Santo, para que sea posible ese plan de Dios: que todos vivamos en comunión de vida y de amor. Simple y llanamente... porque esa es la meta del ser humano: vivir para siempre con Dios.

¡Feliz domingo y feliz semana!