De todos los artículos de opinión publicados el pasado fin de semana me quedo con el de Forges.
De todos los artículos de opinión publicados el pasado fin de semana me quedo con el de Forges. Ya sé que Forges no es articulista pero algunas de sus viñetas son bastante más elocuentes que mil análisis de profesionales acreditados. En la caricatura que refiero se lee: “Jornada de reflexión”, debajo un señor serio, pensativo, con una mano sobre la banderita del Atlético Madrid y otra en la del Real Madrid. Nada más.
Sin duda es una perfecta radiografía de esta sociedad liviana, superficial, que vive en permanente huida de todo lo trascendente. Consciente o inconscientemente, el hombre y la mujer actuales se saben en la encrucijada entre un mundo nuevo que llega cargado de incertidumbres y otro vacío que amarillea al nacer huero de propuestas entusiasmantes.
El hombre medio sociológico prefiere que los días le lleven a la periferia de la vida donde nada le perturbe más allá de una puñetera lesión de su futbolista preferido.
La sociedad moderna no percibe que “haga camino al andar” como precisaba el maestro Machado sino que transita rutinariamente por viejos senderos muy trillados. Es decir, sobre ideales muertos.
Nos movemos en dos frentes sociopolíticos de cuya vitalidad solo queda el nombre: izquierda-derecha. Dos denominaciones imprecisas. Cuando llegan al poder, uno u otro, no les queda más que conservar el “status” establecido; la cristalización de una sociedad injusta donde grupos de individuos sin más horizonte que la acumulación insaciable de riqueza mantienen a miles de millones de personas en la miseria.
Han pasado muchos siglos. Los caminos están pisoteados y la fertilidad intelectual para que surjan otro nuevos van lastrados por el desencanto y la soberbia de los seres humanos que se creyeron sustitutos de Dios.
Hoy, con más fuerza que nunca, resuenan, entre el enorme ruido del mundo, las palabras del Señor Jesús: “Sin Mí nada podéis hacer”.
