En el PSOE se vive una especie de ebullición progresiva incluida la implacable tirada de “curriculums” a la cabeza del compañero. Mientras, el PP contiene el aliento por ahora, ya que aún circula sobre las mieles del poder.
Las capas medias de la sociedad – las más numerosas y decisivas por cierto- viven el profundo estupor que produce este zarandeo. Me refiero a la inestabilidad frustrante de esa derecha que no cumple lo que promete y, lo que es peor, se arrincona en su soberbia tontorrona de siempre para no explicarlo. La izquierda que no es izquierda del todo sino a “medio gas” o sea, entre el llamado Centro (?) y la izquierda-izquierda no deja de sorprender. Luego, claro, está la izquierda de toda la vida que sí es izquierda pero, ojo, democrática no como la vieja e indeseable izquierda de origen soviético. Enseguida aparecen los politólogos y periodistas supuestamente avezados en el arte de desentrañar enigmas políticos, y dicen que tanto esa izquierda moderna y el grupo novísimo “Podemos” existe una indudable concomitancia; uno y otro pueden prometer lo que les dé la gana porque sabe que nunca llegará al poder. Es decir, estos que llegan prometen, a voleo, que vienen con un talismán capaz de meternos en el epicentro de todas las felicidades y justicias pero de boquilla. ¡Ah! y luego están los antisistemas, siempre de muy mal humor, que propugnan cortar por lo sano y romper todo lo que hay a pedradas y fuego limpio…
Ese es el panorama sociopolítico que nos toca vivir; al que dentro de un año, más o menos, tendremos que votar. ¡Qué le vamos a hacer! Muchos habían puesto en el trascurrir de la política el centro de sus más profundas esperanzas.
Es urgente un despertar; la toma de conciencia que exige el mundo decadente de ideología rota y la carencia de recambios. Los ideales se marchitan a toda velocidad. Queda en pie el grito de los que claman sobre los escombros de todos los ideales muertos y sigue en pie el egoísmo visceral de quienes dominan el mundo. No es suficiente un cambio de ideas. Es necesario que en el corazón del hombre –el ser humano de todos los siglos- brote el amor, el que solo puede nacer en el encuentro con Dios mismo en la persona de su Hijo Jesucristo.
