Aunque ya han pasado dos meses, quiero compartir con todos la vivencia que unidos a toda mi familia, tuvimos el día 20 de marzo. Ese día, mi marido y yo celebramos nuestras bodas de oro. ¡Dios mío, 50 años! Fue un día precioso y emocionante, sin temor a equivocarme, más sentido y emocionante, que el de la boda de hace 5 décadas.
En nuestra "primera boda" íbamos un poco "como en una nube", rodeados de nuestras respectivas familias, para entregarnos el uno al otro y crear la nuestra propia. Creo que no se llega a saborear lo suficiente. Sin embargo, al cabo de tantos años, con otra experiencia, la serenidad que te dan los años y la sensación del deber cumplido, lo hemos vivido en toda plenitud. ¡Con la sensación de la Misión cumplida!
Ese día será inolvidable, hasta que Dios nos llame. Es emocionante volver a repetir los votos matrimoniales, teniendo de madrina a una de nuestras hijas y a uno de nuestros nietos como padrino. Paso a paso, lo que hace ya 50 años nos prometimos, lo hemos hecho de nuevo, pero esta vez no solos, sino rodeados de nuestros hijos y nietos ¡nuestra familia! Y verlos a todos, con la alegría y felicidad con la que han vivido este acontecimiento, no está pagado con nada. Doy gracias a Dios por permitirnos llegar a ese día con salud y rodeados de los nuestros.
Creo que es el mejor ejemplo que podemos darle, en estos tiempos convulsos, en los que las parejas no aguantan absolutamente nada. Es más, a mi marido y a mí en los cursillos prematrimoniales nos llegan a preguntar cómo se consigue alcanzar esa cifra. Le respondemos que con amor, compresión, generosidad, fidelidad y apartar de ti todo egoísmo.
Ser nosotros y no tú y yo, porque el matrimonio es un proyecto común, en donde principalmente tiene que imperar la fidelidad y mutua confianza. Es nuestro deseo que muchos matrimonios lleguen también a celebrar sus 50 años. ¡Por lo menos esa cifra! Y a partir de ella, todos los años que Dios quiera concedernos. No quiero terminar sin antes agradecer a nuestro párroco de Rincón de la Victoria, Fidel García, todo el interés que se tomó para que la celebración resultase perfecta, como así fue.
