La Iglesia celebra cada año el don del Espíritu Santo en esta semana última de la cincuentena pascual, junto con la Muerte, Resurrección y Ascensión del Señor.

El Evangelio de hoy nos deja muy claro que la venida del Espíritu Santo es regalo y fruto del Resucitado, que viene sobre la Iglesia aquel mismo día de la Resurrección del Señor. Así, en el Evangelio de hoy se nos muestra claramente la relación entre el don del Espíritu Santo y la Resurrección de Jesús.

La tarea del Espíritu no es ponerse en el lugar de Cristo, sino llevar a plenitud su obra salvadora. El Espíritu Santo será quien haga posible la presencia del Resucitado en su Iglesia; hará posible que entendamos el significado de todo lo que Cristo enseñó a los suyos; nos ayudará a llevar a nuestra vida lo que la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor significa para nosotros. El Espíritu Santo hace posible que formemos un solo cuerpo, porque la unidad de la Iglesia no es mero fruto de nuestro esfuerzo, sino don del Espíritu Santo.

Finalmente también es el Espíritu quien nos empuja a la misión. La comunidad no puede estar cerrada en sí misma. El Papa Francisco está continuamente recordándonos que hemos de ser comunidad abierta y que se lance a impregnar nuestro mundo con la alegría del Evangelio, sin miedos.

¡Feliz semana!