Nadie nos dice si debemos considerarlos de izquierdas, de derechas moderada, de extrema izquierda o… En realidad, no creo que sean nada específico homologable con lo habitual; han querido romper la línea de las etiquetas donde se almacenan en una indefinida sopa de letras y poco más.

En realidad veo a “Podemos” como un grito que hace una sociedad cansada, harta de recibir proposiciones de grupos que, cuando llegan al poder, repiten hasta la saciedad el parcheo de su inoperancia.

Sobrevive en “Podemos” la sensibilidad de una generación criada en medio de la indiferencia, el desencanto y, sobre todo, la sensación de complicidad con determinada estructura de poder. Son hijos de quienes han sostenido el mayor tinglado de injusticia desde hace siglos.

En “Podemos” existe el encanto de la novedad. Sienten que es necesario hacer algo y lo hacen arañando en las fronteras de lo nuevo a ver si de alguna parte nacen unos tiempos distintos.

Es cierto que en la línea de vida todos parecen viejos. Apenas llegan a la pubertad y se dejan atrás mil un mundo que apenas han estrenado y ya apesta

Los partidos llamados de izquierdas- marxistas- se autotitularon “redentores” porque tenían deseos de justicia universal. Ahora están marchitos y amarillean entre demagogias que, una vez en el poder, no saben cómo traducirlos a los idiomas modernos. Es que la política se ha convertido en una suerte de tantos por cientos. Solo eso.

Ya digo, “Podemos” surge como una tabla de salvación urgente.

Hay otro agarre más firme y potente, más, definitivo. Venid y PODREMOS. Se trata de Jesucristo, el Señor. Él dijo, “el que a mí viene, yo no lo echo fuera.

Lo dijo y no son palabras ocasionales. El Señor es lo nuevo que amanece. Él es el que nos ama. Él.