Sor Cristina ha sido la ganadora de la edición italiana de \"La Voz\"

El domingo pasado se proclamaba un Evangelio en el que se nos presentaba un encargo imperativo de Cristo a sus seguidores: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.

Este mandato imperativo, lo tenemos que cumplir cada persona desde nuestra vivencia personal y poniendo al servicio de los demás los talentos con los que hemos sido dotados. En la primera carta de San Pedro en el capítulo 4º se dice textualmente: “Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”. Es decir que tenemos que aportar todo lo que somos y lo que tenemos, lo cual nos permite predicar a tiempo y a destiempo.

Esta reflexión viene a cuento de la participación de una monja italiana en un talent-show de la televisión italiana (Rai2). Sor Cristina Scuccia lo ha ganado con un 62% de los votos populares, en una final en la que venció a sus tres oponentes masculinos. La puesta en escena y la coreografía chocaban frontalmente con el vestuario talar, del que no se ha desprendido en todo el concurso. Pero la calidad y belleza de la voz, así como la fuerza de la interpretación, han podido con todos los inconvenientes que aportaba su aspecto externo.

Ha sido un remake, ahora en la realidad, de las dos películas norteamericanas (Sister act) que interpretó en los años noventa del siglo pasado Whoopi Goldberg. En este caso Sor Cristina, una monja ursulina, afronta un concurso en solitario y lo gana. Puede que lo dé la orden; la monja que más me ha impresionado en mi vida por su fuerza y su fe, Maria de los Ángeles Vicuña, también es ursulina. La conocí en caritas de la Palma. Actualmente ha vuelto a su tierra norteña.

Volviendo a Sor Cristina, lo que más me ha gustado de su participación, ha sido la forma de compartir la alegría del triunfo. Ha conseguido que millones de personas, muchas de ellas por primera vez desde su infancia, compartieran un Padrenuestro que les habrá sabido a gloria. Tanto como nos ha sabido a la propia intérprete, autora de la iniciativa, a su comunidad y a toda la gente de buena voluntad.

Que Dios bendiga a esa monja “de escopeta y perro”. Que así defino yo a esas personas que son consecuentes con sus creencias allá donde se encuentren.