El Papa junto a Henrique Cymerman

Todavía estoy disfrutando de la entrevista que concedió el papa Francisco a Henrique Cymerman la pasada semana. Fue uno de esos encuentros que captan tu atención y te acercan a Jesús.

Te transmiten en vena la “Buena Noticia”. Que Dios nos ama y nos ama porque sí. Nos puso a todos en nuestro sitio. A los fundamentalistas; a los superficiales; a los que no mantenemos firmes nuestras convicciones, pensando que si cedemos vamos a convencer –ni fríos, ni calientes-; de la pobreza de todo tipo, que no tiene nada que ver con la miseria; de nuestras raíces judías y nuestro Padre común con nuestros hermanos mahometanos; del paro, especialmente el juvenil; de la atención a los mayores y la defensa de los niños en todos sus estadíos; habló hasta de fútbol.

Lo que más me emociona es que cualquiera de nosotros podría haber participado de esa conversación, sin ningún tipo de dificultad. Es decir lenguaje sencillo y, a la vez, profundo. Defendió a un Pio Xll que lo hizo lo mejor que pudo en la segunda guerra mundial, y que ahora, como tantas cosas que desconocemos de aquella época, condenamos sin un criterio documentado.

Me recordó las palabras de Juan XXlll antes del Concilio Vaticano II. Decía más o menos: “Hay que abrir las ventanas de la Iglesia para conseguir que entre el aire fresco del Espíritu. El papa Francisco creo que lo ha conseguido. Sus palabras y sus hechos me encantan y me comprometen.