Antonio Collado, vicario de la Promoción de la Fe y párroco de San Juan Bautista de Málaga, nos ofrece la Lectio Divina del Evangelio del domingo 17 de agosto, 20º del Tiempo Ordinario.
Lectura (Lectio) Este relato donde se presenta la fe confiada de una mujer, sin nombre, extranjera y pagana es el contrapunto a la fe vacilante de Pedro, hombre, judío y discípulo. Me acerco al texto para descubrir la riqueza del don de la fe y leo pausadamente.
Meditación (Meditatio) La hostilidad de los fariseos y escribas a las enseñanzas de Jesús (Mt 15,1-20) provoca que éste se retire a territorio pagano, a Tiro y Sidón. Allí se encuentra con una mujer cananea; un pueblo recordado en el A.T. como idólatra y enemigo de Israel, (perros). Esta mujer va gritando detrás de Jesús. Hay tres elementos en ese grito: solicita “piedad” en primer lugar; actitud que se exige al practicante judío para con su Dios. En segundo lugar, llama a Jesús “Señor” e “Hijo de David”, títulos que evocan el misterio de su persona y que incluso a los discípulos les está costando reconocer. Por último la mujer expresa la realidad de su hija: “Vive maltratada por un demonio”. Curiosamente, no pide que la cure; sabe que está apelando a alguien con poder, para quien es suficiente ver, compadecerse y actuar. Da la impresión de que los discípulos más que interceder ante Jesús, lo que desean es deshacerse de la mujer. Hasta el propio Maestro expresas sus reservas. Pero esta mujer sin nombre no se da por vencida. Se arrodilla en señal de adoración e insiste en su petición. El diálogo entre los dos gira en torno al don del pan. De este modo se alude simbólicamente al Reino y a los signos de Jesús que lo hacen presente. Esta mujer que se coloca en el lugar de los pequeños (Mt 18,4) reacciona con terquedad ante las explicaciones de Jesús; enviado solo al pueblo de Israel; responde que el banquete que el Señor viene a ofrecer es de una abundancia tal que todos pueden beneficiarse, también su hija, que necesita el pan de la curación. Jesús que había censurado a Pedro por su falta de fe (Mt 14, 31) exclama ahora; «¡Mujer, qué grande es tu fe!» (v.28) y concede la salvación a su hija. La fe de esta mujer cananea es modélica para todo judío y la sanación representa el inicio de una salvación que se oferta a todas las naciones (Mt 28, 19-20).
Oración (Oratio) ¿Qué actitudes y valores de la cananea puedo incorporar a mi vida? Ante el Señor oro con confianza y me dejo iluminar por su Espíritu.
Contemplación (Contemplatio) Reconozco a Jesús como “Señor” de mi vida, me entrego a él, lo adoro y me pierdo en el misterio de su presencia en mi corazón.
Compromiso (Actio) ¿Cómo acojo e incorporo a mi entorno social a los extranjeros, a los emigrantes que llegan de otros lugares?
