Medios de comunicación en la puerta de la casa de la enfermera que se ha contagiado en EEUU

El ébola ha puesto un paréntesis en el ritmo vital de nuestro pueblo. España no es la misma.

La muerte, siempre larvada y sinuosa, ha irrumpido en la vida; ha salido de los hospitales, las carreteras y los sucesos para tomar, por invasión, las páginas de los periódicos, las aperturas de los diarios y telediarios… La muerte -¡hay que vez! - asoma  por los canales de la popularidad y ocupa un sitio donde  nadie la ha llamado.

Porque nadie la ha llamado, esa es la verdad. Antiguamente, sí. Estaba en los palacios, en las cabañas y en el pensamiento de los poetas; “Como se pasa la vida, como viene la muerte tan callando…” cantaba Jorge Manrique.

En realidad, la muerte fue compañera asidua de la historia hasta que el siglo XX la cubrió con  una especie de “salvapantallas” de soberbia y materialismo. Después quedó en el desván de los recuerdos molestos, insalubres y anacrónicos. Profilaxis, pura profilaxis social, un mecanismo por el cual se cambia lo feo por lo estético. La contemporaneidad es, sobre todo, profiláctica. Vivir es pensar en hoy. La muerte ya no es una “puerta” sino un muro definitivo y  antisupersticioso.

¡La ciencia! ¡La ciencia, hombre! “ Solo la ciencia a mi ansiedad responde” decía el poeta Joaquín María Baltrina recogiendo el sentir mayoritario, evasivo,  de su generación, allá en los albores del siglo XX.
El apóstol San Pablo también escribió sobre la muerte. Pero en otro registro: “¿Dónde está, muerte, tu aguijón. ¿Dónde, sepulcro, tu victoria?” Y, enseguida, explicaba la razón de su optimismo: “Para mí vivir es Cristo y morir ganancia”

Jesucristo ha vencido a la muerte. Él es la Vida. Nuestra civilización ha querido enterrar a la muerte o, al menos, amaestrarla. Lo malo es cuando se desmadra y va por libre. Ahora  está ahí. Ha estado siempre aunque oculta por un mundo que no quiere saber nada de su existencia.

Recuerdo un cante por “sigueriyas”, el más gitano de todos los cantes. Los gitanos, maestros en la filosofía que emana del vivir a la intemperie por los caminos del mundo, son  cigarras de la creación y piensan  en  “sigueriyas”. “ Yo no le temo a la muerte que la muerte es natural. Le temo a las “cuentesitas” que a Dios le tengo que dar”

Pues eso.