Es muy corriente escuchar esta frase en la bella Italia. Y tendrían razón si quitaran los puntos suspensivos y la contemplaran como dos descripciones diferentes, pero sin relación alguna. En Italia están muy acostumbrados a tener un “porco governo”. A las pruebas y al omnipresente Sr. Berlusconi me remito.
En España hemos cogido la costumbre de achacarles todos los males al gobierno de turno y, especialmente, al político que nos cae peor o que los tertulianos marquen con una cruz. Nunca mejor dicho. En el devenir del contagio con la maldita ébola, desde el principio, le han buscado los tres, los cinco o los dieciocho pies al gato. Empezaron con los gastos de repatriación de los dos hermanos de San Juan de Dios que, desgraciadamente y pese a los esfuerzos de la medicina, pasaron al Padre. Una vez superada esta etapa de dimes y diretes, surge la desventurada circunstancia de la contaminación de la enfermera. En ese momento se hunde el cielo con la tierra. Se cruzan los epítetos descalificantes, las declaraciones más desafortunadas, la culpabilización sobre las personas más insospechadas y la declaración del que habla, en la que manifiesta que si hubieran dejado en sus manos o en las de los gestores de “otros países”, lo habrían bordado.
Parece que los expertos de USA también la han “c…do”. Dos enfermeras se han contaminado y una de ellas ha viajado tranquilamente en un avión con más de cien pasajeros. Ahora se han acordado en serio del problema africano y quieren “ayudarlos voluntariamente” desde sus bases en España. En seguida surgen los “defensores de la patria”: Como van a aterrizar los aviones en Morón. Piove… porco governo.
Menos mal que la enfermera, la principal protagonista del tema, sigue dando la talla: En cuanto me ponga buena seguiré atendiendo a los enfermos de ébola que se presenten. Se va a curar. Seguro.
Lo mejor de todo, es que, ante el temor de que llegue la enfermedad a los países “civilizados”, se están aprestando a atacar la enfermedad en su origen. Lo que habían tenido que hacer hace años. Mientras seguiremos pidiendo dimisiones, casi siempre con razón. Pero no porque lo vayan a hacer mejor. Es por coger el sillón y sus prebendas. Piove… porco governo.
