Amar a Dios y a los demás

¿Amar a Dios sin amar a los hermanos? ¿Amar a los hermanos sin amar a Dios? Es esta una pregunta que, a lo largo de los siglos, se han hecho muchos cristianos. ¿Qué es lo más importante de ambas cosas? ¿Amar a Dios o amar a los demás? En la vida del cristiano no son cuestiones secundarias. La respuesta nos la da hoy Jesús en el Evangelio que se proclama en la Misa. Y no es una cosa más: se trata del mandamiento del amor. Es nuestra regla de oro para vivir en cristiano.

Separar las dos cosas es peligroso: amar a Dios sobre todas las cosas pero no manifestar ese amor en la gente que él nos ha puesto en el camino... es hacer un puro teatro. Por otra parte, quedarnos en el amor a los demás sin pasar por un verdadero amor a Dios -que es el amor con mayúsculas- nos lleva a reducirlo todo a la limitada medida humana. Si vemos en cada persona la presencia de Dios, entonces entenderemos bien las palabras de Jesús. Se trata de amar a Dios sobre todas las cosas (tenerlo por centro de nuestra vida, hacer su voluntad, escuchar su Palabra, encontrarnos con él en la liturgia y en la oración...), pero amándole en los hermanos (en el compartir, en el perdonar, en el servicio a todos –especialmente a los pobres-, en buscar la paz y la justicia...). Que cada domingo la Misa sea la expresión
más viva de ese amor a Dios expresado también en el amor a los hermanos.

¡Feliz semana y feliz domingo!