El templo es Jesucristo
Para los judíos, el único lugar del mundo donde estaba Dios era el templo de Jerusalén. De ahí la importancia que le daban a este edificio, del que hoy solamente quedan en pie algunos grandes muros.
Hoy, en el evangelio, Jesús viene a corregir esta percepción: al mismo tiempo que pide respeto para la “casa de su Padre”, como casa de oración, Jesús es presentado como el verdadero templo. Para los cristianos, el templo con mayúsculas ya no es de piedra, sino que es el mismo Jesucristo, donde tenemos directo contacto con Dios. Recordemos que Jesús es el Dios-con-nosotros, el Emmanuel. También cada uno de nosotros, a imitación de Jesús, estamos llamados a ser templos vivos. Y nos podemos preguntar: ¿Cómo llevamos esa tarea? ¿Hasta qué punto somos conscientes de que somos templos de Dios? ¿Y en los demás? ¿Buscamos el respeto a la dignidad de todas las personas, por ser presencia de Dios?
Hoy domingo, celebramos la fiesta de la dedicación de la catedral de Roma: la iglesia de San Juan de Letrán. Y celebrando esta fiesta, recordamos también nuestra necesidad de esos lugares sagrados donde la Iglesia se reúne para alabar a Dios. Siempre serán más importantes los templos vivos (las personas) que los templos de piedra. Pero también necesitamos esos espacios sagrados, como signo de la comunidad cristiana, y como ámbitos donde poder celebrar nuestra fe. Pidamos a Dios que, al salir de ellos, siempre llevemos con nosotros la alegría de encontrarle también en el corazón de cada persona.
¡Feliz semana!
