La corrupción es como el humo; tan aparatoso como el fuego pero mucho más irritante.

La corrupción siempre está ahí, latente y sin misericordia, aunque solo de vez en cuando se detecta por el hedor de su miseria.

Nuestro país vive un momento de irritación generalizada a causa de esta verdadera descomposición generalizada, malsana y egoísta. Cada fenómeno nace en un contexto determinado. El nuestro no puede ser peor para aceptar la corrupción; miles de familias se tambalean en la misma frontera de la supervivencia; muchos niños apenas comen bajo esa capa imprecisa y adormecedora llamada “crisis”... Es evidente que la mejor forma de olvidar algo es colocarle un nombre tan vacuo co0mo llamativo y mandarlo al archivo general.

Bueno, pues en este momento de especial sensibilidas, cuando se supone que el afecto solidario busca camino al corazón, surge el pillaje hasta la náusea. Y ante la indignación y el asco aparecen, como siempre en la historia, un montón de redentores. El “redentorismo” es tan recurrente como la gripe.

Cada cierto tiempo reverdece; busca caminos supuestamente nuevos y vocifera en la presentación de auroras diáfanas. Soles azules y fraternos para aderezar otros futuros.

El apóstol Pablo dice que el deseo de hacer el bien está en el interior del hombre pero que no hacemos el bien que deseamos sino el mal que aborrecemos. Y agrega ¿quién nos librará de este cuerpo de muerte? Enseguida da gracias a Dios por Jesucristo.

La humanidad está cansada. Si algo detecta la sociología de este siglo XXI, cargado de frustraciones y promesas, es la vejez general de las ideas después de muchos siglos. Amarillean las ilusiones y los entusiasmos.

Constant Virgil Georgiu decía «A este submarino del mundo se le está acabando el oxigeno: emerger o morir».

¿Emerger a donde? Todas las propuestas están marchitas y los horizontes tienen color ocre. Pero ¿de verdad creemos que una nueva tanda de prometedores nos sacaran del bache?

Los ladrones no son de derechas ni de izquierdas. Solo buscadores de argollas que la vida se torna incierta. Todos los grupos buscan en la oscuridad un dios que les de seguridad para vivir. Y el mundo enseña que es el dinero. Todos somos seres humanos que, sin saberlo, gritamos por un corazón nuevo; Por el Dios vivo y presente en el mundo y la Historia. El camino es Jesucristo.