Imagen captada por la prensa en el pleno sobre la corrupción

Se celebró el debate sobre la corrupción. No podía ser más oportuno; nada ha concitado mayor interés en eso que suele llamarse “la calle”. La calle es como un parlamento deshilachado y confuso donde se exponen intenciones, deseos y verdades parciales o, si se quiere, parcialmente conocidas, que los políticos están llamados a clarificar. Es lamentable manifestar que no lo han hecho. Una vez más, el pleno ha sido un juego de cohetería más artificioso que verdadero.

Y, en cambio, vale afirmar sin acusar a nadie en particular, que la calle aguanta bien las verdades a medias siempre peores que las mentiras. Y las recubre de deseos colectivos. Es más, sabe que las propuestas programática de futuro son cucañas casi incumplibles. Sin embargo, no tiene más remedio que mecerse en ese cuento de hadas que dibujan su líderes, especialmente las “boquitas de oro” más ruidosas que veraces.

En la actualidad, algunos mensajes políticos tienen ribetes especialmente perversos. Por su oquedad ambigua que, ya de entrada, se reconocen como mentirosos. Entre todos, han convertido todo el proyecto que debiera ser común y posible, en un decorado materialista.

El ejercicio político honrado se basaría en dos pies: el deseo de hacer realidad un programa lo más amplio y benéfico posible más la voluntad desinteresada de sus ejecutores. ¿Los ideales? No hay más que uno, el bien común. Todos los conocidos y codificados huelen a naftalina decimonónica. ¿La moral? Es que han desaparecido los “por qué no”. O sea, “si puedo hacer algo impunemente ¿por qué no voy a hacerlo?” Un réquiem por la conciencia.

En definitiva, fueron al Parlamento. Llegaron las Derechas, las Izquierdas; los que están a la izquierda de las Izquierdas; los que tienen una concepción nueva de la Derecha; los que creen en la patria aunque sean de Izquierdas; sí, sí; las Izquierdas patrióticas. Los herederos de quienes se desgañitaban con el viejo himno de “los pobres del mundo”. Ahora el horizonte es más cercano y manejable; solo los pobres de la patria.

Todos contra todos. Como en las películas del Oeste. Los malos contra los buenos. Y viceversa. La traca. No sabemos qué viene ahora. La verdad o, si quieren, lo verdadero estaba fuera.