ACNUR la oficina de la ONU para atención a los refugiados, acaba de ofrecer datos escalofriantes. O, mejor dicho, acaba de reconocer la inexactitud de sus cifras respecto a las personas que cada día mueren en el mar durante el esfuerzo por alcanzar una tierra donde se coma a diario, haya trabajo, no persigan por causas políticas, religiosas, étnicas… Bueno, pues dice ACNUR, que los muertos no están bien contados. Hay muchos más de los que registra la estadística oficial. O sea, nuestro Mediterráneo, el mar de la cultura y la civilización, el que vio y vivió como se desarrollaba el cristianismo y su mensaje de amor universal, se ha convertido en un cementerio incapaz de llevar la cuentas; ahora, eso sí, por aproximación, se sabe que son una barbaridad. Por eso, la pormenorización resulta imposible.

Además, puestos a reflexionar, ¿qué más da ocho que dieciocho? Puntualizar con nombres y apellidos sería pedirle peras al olmo. Es que hay muertos y muertos. No es lo mismo, digamos, un muerto de Madrid que otro de Sudan por ejemplo. A los de Madrid los registran con pelos y señales antes de enterrarlos. Los demás, pues vaya usted a saber.

Nuestro mundo vive una broma macabra; vive para los que viven, si se me permite decirlo así, e ignora a los que sobreviven. Este mundo nuestro está en pecado. Este mundo nuestro… ¡Qué sé yo!

Con razón el inolvidable Virgil Georghiu, el de “La hora veinticinco”, nos comparaba con los viejos submarinos, aquellos que llevaban ratones en las bodegas. Como no tenían aparatos para medir la cantidad de oxígeno aire y el aire se enrarece de abajo arriba, utilizaban cobayas a ras de suelo. Cuando morían las cobayas sonaban las alarmas; emerger o morir.

No queda oxigeno de amor en este espacio inmisericorde donde nos ha tocado vivir. El amor es el oxigeno de Dios. Queremos explicarlo todo a golpes de tantos por ciento y no damos en la tecla.

Ahora, en Navidad, que suenan los recuerdos de lo que no cabe en cabeza humana - ¡Dios se ha hecho hombre!- hay que hacerles llegar a los arquitectos de este mundo que los ratones se están muriendo.