Antonio Collado, Vicario de la Promoción de la Fe y párroco de San Juan Bautista de Málaga, nos ofrece la Lectio Divina para el evangelio del II Domingo de Pascua.
Lectura (Lectio)
Me acerco a este relato de apariciones no como “una crónica histórica”, sino como una meditación pascual que la comunidad cristiana hace en torno a la mesa del Señor, la eucaristía; lugar privilegiado de encuentro con el Resucitado para aquellos que creen en él aun sin hacer visto.
Meditación (Meditatio)
En el relato se distinguen claramente dos escenas. La primera sucede el mismo día de la Pascua y narra la aparición de Jesús Resucitado a un grupo de discípulos (Jn 20, 19-23). De este modo el Señor cumple su promesa de volver junto a ellos y enviarles su Espíritu; es el Pentecostés del cuarto evangelio. Si repaso el evangelio de Juan descubro que “el miedo a los judíos” que sentían los discípulos refleja el que experimentaba la comunidad a la que se dirige el evangelista. Se veían hostigados por los dirigentes judíos, le hacían el vacío e incluso habían llegado a expulsarlos de las sinagogas. Las palabras de Jesús son una invitación a superar la tentación de encerrarse y aceptar el reto de la misión. La segunda escena (Jn20, 24-29) tiene lugar al domingo siguiente y narrar la aparición a Tomás, quien no estuvo presente en la primera. Tampoco hace caso del testimonio de sus compañeros y exige pruebas palpables de que el Señor está vivo. De modo significativo, el relato insiste en que “no estaba con ellos cuando se apareció Jesús”. Se indica así la importancia de la comunidad como lugar privilegiado para vivir e interpretar la experiencia pascual. Para Tomás esta se produce cuando se reintegra a la misma y desemboca en una auténtica confesión de fe: “Señor mío y Dios mío”. Toda esta segunda escena gira en torno a la relación entre “ver” y “creer”. Los últimos versículos constituyen el final original de este evangelio, dónde el autor nos explica por qué lo ha escrito. Su intención es mostrar el sentido profundo de los “signos” realizados por Jesús para fortalecer la fe de los destinatarios de su relato.
Oración (Oratio)
Me siento identificado con Tomás porque yo también he atravesado alguna crisis de fe y me pregunto ¿De dónde vienen las dificultades de Tomás para creer? Oro para que el Señor me libres de mis miedos y me comunique su Espíritu para poder ser su testigo.
Contemplación (Contemplatio)
Me siento afortunado y feliz por “creer sin haber visto” y deseo renovar constantemente mi encuentro con
el Señor. Para ello callo, adoro y medito en silencio actualizando la presencia del Resucitado en mi corazón.
Compromiso (Actio)
Jesús se hace reconocible en sus llagas e invita a Tomás a tocarlas. ¿Qué me sugiere este gesto en medio de un mundo en el que las llagas de Jesús siguen todavía frescas?
