De nuevo, ante un relato de aparición de Jesús a sus discípulos. El Resucitado es el mismo que el crucificado, y para mostrarlo, les enseña las manos y los pies. No es un fantasma y para que quede patente, come ante ellos. Les recuerda las palabras que les había dicho: «Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí». Y a continuación dice Lucas que «abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras».

Los discípulos reconocen que en ese judío llamado Jesús de Nazaret, con el que han convivido, que ha muerto, y ha resucitado, se han cumplido las promesas del Antiguo Testamento. Y ellos son testigos de estas cosas. Jesús se lo recuerda y con ello les encomienda unatarea.Sóloel que ha visto y oído, el que ha palpado, puede ser testigo. Ellos han de transmitir lo vivido, lo compartido y la reflexión que han hecho de sus vivencias, reconociendo en Jesús al Mesías- Salvador anunciado.

Puesto que como dice Jose Made Pereda «la experiencia no consiste en lo que se ha vivido, sino en lo que se ha reflexionado». Nosotros, aunque no hemos compartido la vida con el Jesús histórico, también hemos reconocido que en ese judío de Nazaret que pasó haciendo el bien, se cumplieron las promesas de Dios a su pueblo. Junto a ello, estamos teniendo estos días experiencia de Jesús Resucitado. Su resurrección nos ha alcanzado. También nosotros/ nosotras somos testigos de estas cosas.