Fotografía: Soledad. Wordpress.com

Cuanta verdad encierra esta frase. Las estadísticas del teléfono de la Esperanza sitúan como primer problema el “estado de soledad e incomunicación”.

En la biblia ya se cita la frase: pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Eclesiastés 4:10). En San Mateo 14-20 se recoge esta frase de Jesús: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde recostar la cabeza”.

Sin embargo esta de moda la independencia, “el single” o la falta de responsabilidad sobre alguien. Al fin y al cabo, la soledad. Se huye del compromiso; de la familia; de la interrelación. Especialmente cuando se puede uno valer por sí mismo. Luego llega la cuesta arriba. Vemos con en los países más “civilizados”, después de diversas alternativas familiares, se acaba en la “soledad acompañada” que se vive en una residencia.

Los miembros de las familias numerosas, especialmente, nos quejamos de que siempre nos necesita alguien. Abuelos, padres, hijos, hermanos, nietos, etc., recurren a nosotros a menudo. Unas veces lo acogemos mejor y otras peor. Añoramos la independencia.

Pero la realidad es muy diferente. ¡Cuanto podemos hacer por los que nos rodean! Y cuanto nos devuelve la vida en los momentos complicados. En estos momentos tengo uno de mis repetidos resfriados veraniegos que se ha puesto excesivamente rebelde. Lo hubiera pasado solo. Mal, pero lo hubiera pasado. Pero me he sentido mimado y rodeado por los míos. No tengo más remedio que recogerlo en estas letras destinadas a mis coetáneos del “segmento de plata”.

Qué razón tenía Jesús cuando decía aquello de ¡Ay del solo! Pero no escarmentamos. Seguimos hablando mucho de amor y viviendo el egoísmo. No tengo más remedio que sentirme muy feliz disfrutando… y penando con una familia numerosa. Que me quiten lo bailado y lo por bailar.