Acabo de ver en el Telediario al ganador de los "Drag Queen" en las Palmas de Gran Canaria. Tengo que decir que, a mí personalmente, no es un espectáculo que me agrade y, desde luego, no pierdo el tiempo en verlo. Pero, no por eso dejo de respetar a todas las personas seguidoras de dicho espectáculo, como respeto la ideosincracia de todos los canarios.

En aras de este respeto, pido el mismo para todos los católicos que nos hemos sentido ofendidos, por la mofa que se ha hecho de nuestras más sagradas creencias.

Por si alguno de los que estáis leyendo mi artículo no sabéis de qué hablo, el ganador del evento ha ganado haciendo un espectáculo de pésimo gusto, parodiando a la Virgen en una procesión y parodiando a nuestro Señor en la cruz, además con posturas obscenas y degradantes.

Esto no se atreven a hacerlo con otras creencias y, si lo hiciesen, yo también lo rechazaría, pues el respeto es imperativo de la convivencia. Pero, desgraciadamente, el mal gusto prevalece.

El obispo de Canarias se ha pronunciado al respecto, expresando sus quejas por tan bochornosa acción.

Ahora voy a lo más grave de todo, el ganador está preparándose para dar clases de religión, según sus propias declaraciones, añadiendo que él no cree haber ofendido a nadie con su actuación.

Y yo ahora os pregunto: ¿creéis que es apto después de esto, para impartir dichas clases?

Esto me da que pensar si no estaremos relajándonos con algunos profesores de religión. Para mí, la cosa es muy seria, pues es la formación de nuestros niños la que está en juego.