El Comité de Institutos Misioneros de Italia puso en marcha el proyecto de crear un equipo de misioneros de varias congregaciones para estar cerca de los dramas que se viven en el Mediterráneo con la llegada de refugiados a Lampedusa, la isla más al sur de Italia, a 113 kilómetros de distancia de Túnez. Así llegaron dos sacerdotes y dos religiosas. Este equipo trabaja en estrecha colaboración con Cáritas y las demás organizaciones que trabajan en el terreno.

Han establecido centros de acogida para los inmigrantes, donde pueden encontrarse con alguien que les ayude a obtener documentos oficiales, ser atendidos por un médico, un psicólogo o un asistente social.

Uno de los grandes desafíos de estos últimos tiempos, según informan los misioneros, ha sido la llegada de numerosos menores no acompañados. Corren el riesgo de acabar en la calle. Para evitarlo, las religiosas salesianas han puesto a su disposición algunos locales.

La gran mayoría son musulmanes. Además, algunos, como los llegados de Mali, son analfabetos. El conocimiento que tienen los misioneros de sus idiomas ayuda a romper la incomunicación. Como señalan los misioneros, ponerse en contacto ellos, compartir su situación e involucrarse es la esencia de esta nueva cara de la misión.  Es bueno saber que de nuevo la Iglesia a través de sus misioneros realiza una labor encomiable y extraordinaria en favor de los más desgraciados en la frontera. Ojalá esto se prodigara por todas partes para cambiar la situación inhumana que viven miles de seres humanos.