Confío que hoy jueves 23 de julio pase a la historia de Málaga como la jornada que inauguró un nuevo evento cultural en la ciudad del Paraíso. Con flores incluidas, el Día del Libro en Málaga las echaba de menos. Lo que es bonito y bello ¿por qué no hacerlo propio? Lo que une cultural, social y económicamente ¿por qué no potenciarlo?
Me encanta la propuesta: que el 23 de julio se celebre el Día del Libro veraniego. Confío que tenga continuidad. Con cierta tristeza compruebo que en algunos hogares apenas hay libros. Con cierto estupor descubro que las flores ya no huelen, apenas resta el gesto de acercarlas al rostro para intuir su perfume.
Además, el 23 de julio celebra el santoral católico el día de santa Brígida de Suecia, patrona de Europa, escritora y teóloga sueca. Una oportunidad para encomendar a su protección femenina esta iniciativa que permitirá abrir los estrechos claustros en los que vivimos. Y abrirnos a otras literaturas, también europeas.
Advirtió otra santa, en este caso, Teresa de Jesús: “Lee y conducirás, no leas y serás conducido”. Palabras sabias y de absoluta actualidad de la santa del siglo XVI en pleno 2020. ¡Leamos para alcanzar el gobierno de nuestras vidas! ¡Cojamos la flor de la literatura mientras nos dejen! También en estío en plena dictadura de lo políticamente correcto.
Es el verano buen tiempo para sumergirse en el libro; la iniciativa del 23 de julio supondrá revulsivo para detener la corriente suicida por la que nos encaminamos. Pueblo que no lee es pueblo dirigido. Un país que olvida la lectura está abocado a que líderes exaltados y populistas lo dirijan; recordemos que por eso los libros se quemaron, prohibieron y ocultaron. Porque literatura y libertad son amigos íntimos. Y porque literatura y manipulación son enemigos irreconciliables.
