El sacerdote Fernando Motas, S.J., profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo II de Cuaresma, el 13 de marzo de 2022 (Lucas 9, 28b-36).

Comentario al evangelio del Domingo II de Cuaresma, por Fernando Motas S.J.
Fernando Motas, SJ

Se suele decir que el episodio de la Transfiguración que hoy leemos en la Eucaristía es un anticipo de la Resurrección. Y es cierto, pero también lo debemos entender como una confirmación del Bautismo (Lc 3,21-22). En este, Jesús recibe su misión mesiánica entendida no como el mesías triunfante que el pueblo esperaba. La frase “Tú eres mi hijo querido, mi predilecto” nos remite a la presentación del Siervo de Is 42, 1-7, el Mesías que libera asumiendo, desde abajo, el sufrimiento del pueblo.

Cuando Pedro reconoce a Jesús como mesías (Lc 9,20) lo entiende como el triunfador y por ello rechaza el anuncio de la pasión en Jerusalén. En la Transfiguración, la voz del cielo va dirigida a los discípulos y repite la misión del Bautismo (“este es mi Hijo elegido”), con un añadido: “escuchadlo”. No pretendáis saber cuál es su misión, dejad que Él os la diga.

Este imperativo, “escuchadlo”, va dirigido también a nosotros. No proyectemos sobre Jesús y su misión nuestras expectativas y nuestras mezquindades; dejémonos que sea Él quien realice su misión y no nuestras ideas y proyectos.

La misión de la Iglesia y la de cada uno de nosotros no puede ser otra que la de Jesús: desde el servicio, colocándose con los de abajo, liberar de tinieblas y ataduras. Y para que nunca se nos olvide, para que no regresen nuestras ínfulas de grandeza y poder, el único medio es, siempre, escuchar a Jesús.