El delegado de Medios de Comunicación Social, el sacerdote Rafael Pérez Pallarés, invita a profundizar en el evangelio de hoy, 21 de octubre (Lucas 12, 13-21).
La vida es breve. E imprevisible. Es bueno pensar para quien vivimos. Para qué vivimos. La fugacidad del tiempo de vida, a lo sumo algo más de cien años, debería incitarnos a aprovechar mejor la vida que Dios nos regala. Y de ninguna manera temer al encuentro con Dios tras la muerte. Y mucho menos a mirarla con miedo si hemos entregado nuestra vida al empeño del Señor. Al pensar en el paso del tiempo se entiende muy bien aquella exclamación que San Pablo escribe a la gente de Corinto: el tiempo es breve. Estas palabras suenan en lo más íntimo del corazón como un aliciente para el ejercicio de vivir centrados en lo nuclear. En Dios. Y ser rico ante Dios.

