FOTO: Kelly

El delegado de Medios de Comunicación Social, el sacerdote Rafael Pérez Pallarés, invita a profundizar en el evangelio de hoy, 24 de octubre (Lucas 12, 49-53)

Estar con Jesús tiene consecuencias. Unas consecuencias que no siempre son amables: muerte, rechazo, desprecio. El discípulo corre la misma suerte que su maestro. O al menos está en la misma barca. Y consecuentemente puede pasarle, si no lo mismo, similar. El mensaje de Jesús es incendiario. Y realmente mueve los cimientos de la sociedad. Y de las vidas de mucha gente. Es un mensaje de amor y en el que la primacía la tiene Dios. Un Dios que es amor. Celoso. Que no comparte primeros puestos. Y eso no todo el mundo lo admite. Ni personal, social o familiarmente. Es lo que tiene ser cristiano.

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