El delegado de Medios de Comunicación Social, el sacerdote Rafael Pérez Pallarés, invita a profundizar en el evangelio de hoy, 26 de noviembre (Lc 21, 5-11).
Todo llega a su fin. Todo tiene su fin. O al menos todo capítulo llega a su término en un momento determinado. En este libro de la vida que comenzó hace ahora un puñado de años. Conviene tenerlo en cuenta para saber qué tierra pisamos. Qué nos estamos jugando. La vida, además de tener los días contados en la tierra, también transciende. Y eso conviene tenerlo en cuenta. Porque olvidarlo como creyentes es peligroso: impide vivir con los pies en la tierra y el corazón en el cielo. Debemos hacer presente el cielo en la tierra. Para que ningún desalmado pueda afirmar que el infierno lo vivimos en esta bendita tierra creada por Dios. Ni un cabello de nuestra cabeza perecerá, dice el Señor. Es la perseverancia la que nos ayudará en el camino que debemos transitar para hacer este mundo un mundo más de Dios. Una constancia en la que la gracia de Dios será motor y alimento. No tengamos miedo. Nada ni nadie nos puede separar del amor de Dios. Evitemos vivir como reyes porque solo hay un Rey: Jesucristo, el Rey del Universo y a Él solo debemos rendir culto.

