Simeón y Ana con el niño Jesús

El delegado de Medios de Comunicación Social, el sacerdote Rafael Pérez Pallarés, invita a profundizar en el evangelio de hoy, 30 de diciembre (Lucas 2, 36-40).

Los ancianos son sabios. En ellos encontramos sabiduría. Una sabiduría que frecuentemente está unida a la experiencia creyente. Una vida de fe que se abona a diario desde el rezo y las prácticas de piedad. La oración y el ayuno era una constante en la anciana Ana, la profetisa. Su oración  estaba íntimamente unida a la acción de gracias a Dios por el don del niño que había nacido, el Mesías. Qué necesario es que nuestra oración y prácticas religiosas estén asociadas a la acción de gracias, al reconocimiento de  la bendición de Dios sobre su pueblo. Un reconocimiento explícito que genera una corriente de agradecimiento preciosa y necesaria.

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