Foto de J. Borb

El periodista del Obispado de Málaga Antonio Moreno invita a profundizar en el evangelio de hoy, 10 de marzo, (Mt 25, 31-46).

El Concilio Vaticano II nos explica muy bien cómo la Encarnación ha devuelto al ser humano la semejanza divina perdida. En Cristo, la naturaleza humana ha sido elevada a «dignidad sin igual. El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre» (GS 22). Esta divinización del hombre que ha supuesto la humanización de Dios cambia nuestra perspectiva sobre nosotros mismos y sobre cada uno de nuestros hermanos. Si el otro es Cristo, mi actitud ante él es, en realidad, mi actitud ante Dios. En mi forma de amar o rechazar al prójimo, estoy amando o rechazando al Señor. Y hoy Dios tiene hambre, tiene sed, es extranjero, está enfermo y en la cárcel.