El periodista del Obispado de Málaga Antonio Moreno invita a profundizar en el evangelio de hoy, 17 de noviembre, (Lucas 18,35-43).

Cuando estamos enfermos, necesitamos ir al médico a que nos cure, pero para ir al médico, antes hay que reconocer que se está enfermo y que nosotros solos no podemos curarnos. El encuentro de Jesús con el ciego de Jericó nos habla de nuestra incapacidad para amar a causa del pecado. Por eso se nos hace tan difícil el matrimonio, la relación con nuestros compañeros de trabajo o vivir en comunidad si somos religiosos. Al borde del camino, fuera de la comunión con los hermanos, la vida es triste, no tiene color. Si queremos poder amar, es necesario que dejemos de culpar a los demás y reconozcamos nuestra ceguera. Solo así podremos gritar: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!