La Jornada de la Infancia Misionera, que se celebra el domingo 23 de Enero no es fruto de cierto romanticismo trasnochado, sino una ocasión más para educar en la fe y en sus consecuencias a los niños.

Para que los niños evangelicen y crezcan en su fe

Por eso, les tenemos que inculcar que un seguidor de Jesucristo tiene que “mirar a los demás con ojos de hermano”, “conocer, amar y hablar de Jesús”, “rezar todos los días a Dios y a la Virgen por todos los niños del mundo”, “ser generoso aunque le cueste” y “ser feliz al compartir”. Bien enfocada, la catequesis sobre esta cuestión es una oportunidad espléndida para profundizar en el Evangelio.

Por otra parte, la imaginación que desarrollan los pequeños, al renunciar a gastos suyos en chuches, en mensajes a través del móvil y en otros caprichos, tiene consecuencias nada desdeñables para sus hermanos más pobres.

Con el dinero que se recauda en este día, gracias a la imaginación y generosidad de los niños, se sostienen en los lugares más pobres cerca de 7.000 dispensarios, más de 2.000 hospitales, en torno a 2.800 orfanatos, unas 15.000 escuelas maternales, 38.700 escuelas de primaria y alrededor de 13.000 escuelas medias.

Los niños, protagonistas

Finalmente constituye una oportunidad de oro para que los niños comiencen a sentirse protagonistas de lo que sucede en nuestro mundo. De todo lo bueno y de todo lo malo, pues también sus egoísmos y actitudes violentas afectan a los demás e influyen en la situación de pobreza que hay en muchos pueblos de la tierra. Pero de igual manera, hay que hacerles ver que su generosidad y su colaboración pueden salvar muchas vidas en los hospitales y ayudar por medio de las escuelas a salir de la pobreza, ya que el futuro de los pueblos depende de la educación en medida muy notable.