Un templo literalmente abarrotado y una plaza de Menéndez Pelayo que acogió a los centenares de melillenses que no tuvieron cabida en el interior del templo religioso, fue la imagen que ofrecía ayer el centro urbano melillense en los alrededores de la Iglesia Parroquial del Sagrado Corazón de Jesús.

Misa Funeral en Melilla

Representantes de las instituciones, de las comunidades musulmana, israelita e hindú, de los centros docentes, de los órganos colegiados y sobre todo miles de personas de todas las edades e incluso de todas las confesiones religiosas, respondieron a la llamada del Obispado de Málaga, realizada por la Vicaría Episcopal y la Agrupación de Cofradías de la ciudad, asistiendo al funeral de exequias por el alma de Su Santidad Juan Pablo II.

El templo religioso que desde el lunes lucía en su fachada sobre la puerta de acceso principal un enorme lazo negro, se complementó con una pantalla gigante de video que permitió seguir desde la plaza la ceremonia religiosa que se desarrollaba en el interior de la iglesia.

Eucaristía

La misa concelebrada por los sacerdotes melillenses, entre los que se encontraba el obispo emérito de Málaga, Ramón Buxarrais, que leyó el Evangelio, estuvo presidida por el vicario episcopal, Antonio Ramos, quien al dirigir unas palabras que lógicamente fueron más allá de lo que es una homilía en sentido estricto, dijo que el Papa, “vivió y ha muerto para el Señor, pues en su vida y en su muerte, fue para Jesucristo”. Recordó que al inicio del pontificado, el Papa se propuso que los hombres, mujeres y niños del mundo no sintieran miedo y que “le abriesen su corazón al Señor” y terminó dando las gracias a Su Santidad Juan Pablo II por “tanto y tanto” que a lo largo de casi tres décadas hizo por la paz y por la humanidad en general.

Como dato realmente curioso, en el momento de la comunión fue tal el número de feligreses que acudieron a recibir el “Cuerpo de Cristo”, que varios sacerdotes se distribuyeron por el templo para facilitar las hostias e incluso el arcipreste Manuel Jiménez salió a las escaleras exteriores de la iglesia, para que pudieran comulgar los fieles concentrados en la plaza de Menéndez Pelayo.

Al término de la Eucaristía, los asistentes, con emoción contenida, tributaron un prolongado y fuerte aplauso al Papa Juan Pablo II.

El obispo de Málaga, Antonio Dorado Soto, ofició el dia anterior el funeral por el Papa en la catedral malacitana, destacando la fortaleza de espíritu de Su Santidad del que dijo que “pasó por el mundo haciendo el bien”.