El Plan Pastoral de la diócesis para el curso 2004-2005, que orienta el trabajo de la Iglesia malagueña, recoge el fenómeno de las peregrinaciones que ocupan un lugar relevante en la religiosidad popular. Se ve en ellas algo más que turismo, un ámbito evangelizador que hay que potenciar y promover.

Málaga, una diócesis que peregrina hacia el Señor

En este documento se afirma que la peregrinación posee “todo un simbolismo espiritual: se trata de salir de sí mismo, lígero de equipaje, para llegar a una nueva meta, a la conversión a Dios y a los hermanos. La peregrinación es cosa de cada día, como la conversión, que siempre está pendiente”. Nos acercamos al mes de Mayo, dedicado especialmente a la Virgen María y, con él, comienza una época muy propicia para revitalizar esta práctica.

Después del testimonio que nos ha dejado Juan Pablo II, el “Papa peregrino”, es hora de que cada uno de nosotros coja su mochila y se ponga en camino hacia el encuentro con el Señor.

Nuestra diócesis nos ofrece múltiples posibilidades para peregrinar.

“El hombre necesita de símbolos para descubrir el misterio profundo de su fe”, dice el Plan Pastoral Diocesano para este curso. Por eso, al igual que los sacramentos, el peregrinar a un lugar físico, a un santuario, movidos por una devoción popular, adquiere sentido si con el espíritu convertido nos encontramos con el Señor, meta y cumbre de la peregrinación espiritual”.

En febrero, la diócesis celebraba su última peregrinación hasta la fecha. Se trataba de la Visita “Ad Limina Apostolorum”, que tenía como meta encontrarse con Juan Pablo II. Sin embargo, la delicada salud del Papa cambió los planes y los peregrinos, en vez de encontrarse con el Santo Padre, acudieron a las puertas del Hospital Gemelli para rezar por él. Así se cumplió, pese a los imprevistos, la esencia de esta peregrinación: “hacer visible la unidad y la comunión de los sucesores de los apóstoles con el sucesor de San Pedro” en todo momento, también en los más difíciles. Los peregrinos no dieron el viaje por perdido, y en su testamento espiritual, Karol Wojtyla dedica unas cariñosas palabras a los obispos y cristianos que han acudido a Roma en las visitas “ad limina”.

Para promover ese signo al servicio de la evangelización que es la peregrinación, la diócesis cuenta con el trabajo de varios organismos: por un lado, el Secretariado de Pastoral de Peregrinaciones, que coordina Alfonso Arjona, canónigo de la Catedral; por otro, la Delegación de Pastoral del Turismo y Santuarios, que dirige Manuel Torres, vicario de la costa occidental y párroco de Virgen Madre en Nueva Andalucía (Marbella). Ya próximos al mes de Mayo, mes de María, la Iglesia malagueña se plantea como objetivo programar y alentar las peregrinaciones a los santuarios marianos, explicando el sentido espiritual de la peregrinación.

El deán de la Catedral de Málaga, Francisco García Mota, recogía en la obra “Santuarios Marianos de Andalucía Oriental” editada por Encuentro, los santuarios marianos con más tradición en Málaga.

Entre ellos destaca el de Santa María de la Victoria, en la capital; los dedicados a la Virgen de Gracia, en Archidona y Alhaurín el Grande; Ntra. Sra. de la Paz, en Ronda; Ntra. Sra. de los Remedios, en las localidades de Cártama, Antequera y Vélez; Ntra. Sra. de Flores, en Álora; Virgen de la Fuensanta, en Coín; y Virgen de la Victoria, en Melilla. Aunque también encontramos citados en este interesante estudio lugares de peregrinación como los santuarios de Ardales, a la Virgen de Villaverde; de El Burgo, a Ntra. Sra. de las Nieves; de Cañete, a Ntra. Sra. de Caño Santo; de Mijas, a la Virgen de la Peña; de Nerja, a Ntra. Sra. de las Angustias y de Ronda, el erigido en honor a Ntra. Sra. de la Cabeza.