En el mes de mayo la mayoría de los ciudadanos de este país se ven obligados a realizar su declaración de la renta. Para los cristianos y, en general, para la gente de buena voluntad, una operación engorrosa como ésta es una oportunidad para hacer el bien, porque con sólo poner una cruz en la casilla correspondiente a la Iglesia Católica en la declaración, contribuimos al sostenimiento económico de nuestra Iglesia. ¡Y sin pagar un sólo céntimo de más!
Porque con ese simple gesto, estamos diciendo a nuestros gobernantes que queremos que una pequeña parte de lo que el Estado nos cobra se destine a cubrir las necesidades económicas de la Iglesia y de su ingente labor. En definitiva, que nunca cuesta tan poco hacer tanto por los demás como en el mes de mayo.
Uno de los grandes errores que cometen muchos ciudadanos es el de pensar que como la declaración de la renta les sale a devolver, ya no sirve para nada marcar la cruz en favor de la Iglesia Católica. En la mayoría de los casos, cuando la Agencia Tributaria devuelve dinero, lo que hace es reponer lo que ha cobrado de más al contribuyente, pero eso no significa que no le haya cobrado nada. Si marcamos la casilla antes señalada, un porcentaje de esa parte que sí que nos ha cobrado se destinará al sostenimiento de nuestra Iglesia.
En cualquier caso, son muchas las dudas que nos asaltan estos días en torno a este asunto. Vamos a intentar responder a algunas de ellas:
¿A qué tanto interés?
La complejidad del proceso de declaración de la renta provoca que muchos dejemos todo lo relacionado con la misma en manos de amigos o de gestorías, sin indicarles claramente nuestra opción por el sostenimiento de la Iglesia Católica. Hay que recordar que la mayoría de los programas de ordenador que sirven para realizar las declaraciones ya traen marcada la casilla de otros fines de interés social, pero no la de la Iglesia Católica. De esta manera, si uno no toma especial interés, lo normal es que en nuestra declaración no aparezca señalada la casilla de la Iglesia Católica.
¿Por qué este sistema?
Según informa la organización Iuscanonicum.org, “el 3 de enero de 1979 el Estado Español y la Santa Sede firmaron una serie de Acuerdos. Entre ellos está el Acuerdo sobre Asuntos Económicos, que establece los mecanismos de colaboración del Estado con la Iglesia. Se trata de un Tratado Internacional (...), refrendado por las Cortes Españolas y firmado una vez entrada en vigor la Constitución. Por tanto, el actual mecanismo de colaboración con la Iglesia no obedece a un capricho de un Gobierno, sino que se ajusta a un compromiso de carácter legal, de acuerdo con los artículos 93 a 96 de la Constitución”.
¿Sólo pasa en España?
El sistema de financiación de la Iglesia en España es distinto al del resto de países de nuestra órbita. A los que afirman que en España la Iglesia Católica es una privilegiada, por recibir una cantidad de parte del Estado, habría que informarles de que, mientras que en España la aportación estatal es de 138 millones de euros, en países como Italia o Alemania, esta cantidad asciende a 1.016 o 4.500 millones de euros, respectivamente.
Por otra parte, hay que decir, que de esos 138 millones, 90 vienen directamente de los ciudadanos a través de la cruz de la renta. Por lo tanto, lo que el Estado aporta directamente no llega a 50 millones.
Dinero, ¿para qué?
La aportación económica que se toma de nuestro IRPF se destina al sostenimiento de las necesidades básicas de la Iglesia. Éstas son: La atención espiritual y humana que presta a todo aquel que lo necesite, tanto de los católicos como de los que no lo son; sólo en Málaga, el mantenimiento de cerca de 250 parroquias, cientos de lugares de culto y numerosos servicios sociales de todo tipo repartidos por toda la geografía de la provincia y la ciudad autónoma de Melilla; la retribución de los sacerdotes, religiosos y seglares que dedican su tiempo a la atención espiritual, social y cultural a través de proyectos pastorales para adultos, jóvenes y niños y para la evangelización y el desarrollo de los pueblos del Tercer Mundo.
