El próximo martes, día 9, celebramos la fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), co-patrona de Europa junto con Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena.

La fe, lo mejor para una Europa unida

Esta santa, de origen judío, llegó al cristianismo desde el pensamiento filosófico, a cuyo estudio dedicó su juventud como profesora de la Universidad de Gottingen, en Alemania. Fue precisamente este estudio, hecho con seriedad, lo que la llevó al conocimiento de la Iglesia Católica y a ser bautizada. Con 42 años vistió el hábito de Carmelita y, ocho años más tarde, fue ejecutada en el campo de concentración de Auschwitz por el régimen nazi.

En la proclamación de Edith Stein como copatrona se explica que este nombramiento “significa poner en el horizonte del viejo continente una bandera de respeto, de tolerancia y de acogida que invita a hombres y mujeres a comprenderse y a aceptarse, más allá de las diversidades étnicas, culturales y religiosas, para formar una sociedad verdaderamente fraterna”.

La secularización de la sociedad europea ha provocado que, de los totalitarismos que la azotaron en la época de Stein hayamos pasado a otros extremismos como un ultraliberalismo insolidario o un progresismo agresivamente laicista.

Ambas corrientes se vieron muy bien reflejadas en un texto constitucional que en España fue aprobado en referéndum, pero que fue luego rechazado por otros países poniendo en serio peligro el futuro común de los europeos.

La vida de esta carmelita nos recuerda que Europa se puede construir desde la opresión de los débiles o desde el compromiso con los mismos; desde los prejuicios contra las religiones o desde el respeto mutuo, desde la imposición o desde el diálogo...

En estos días de verano, Málaga es un muestrario de nacionalidades europeas. Es, por tanto, un buen momento para fomentar el diálogo, la acogida, el respeto, la tolerancia, pero sin renunciar nunca a nuestras raíces. Porque el cristianismo es el mejor pegamento para la unidad de Europa.