El Papa los llamó y ellos respondieron. Un millón de jóvenes han acudido a la invitación del Santo Padre a participar en la Jornada Mundial de la Juventud 2005 en Colonia. De ellos, 50.000 procedían de nuestro país y alrededor de 500, de la diócesis de Málaga. No son especiales. Estudian o trabajan como cualquier otro joven malagueño.
Frecuentan los ambientes propios de su edad y les gusta divertirse. Este verano, han cambiado la orilla de la playa por la del Rin y dicen que les ha merecido la pena. A semejanza de los Magos de Oriente, han acudido a Colonia con un objetivo muy claro: adorar a Jesús. En una Europa que cree que para ser feliz hay que dejar de lado todo lo religioso, estos jóvenes tienen muy claro que ellos con lo que vibran es con Jesucristo, que eso sí que es ser moderno.
Dos de ellos, Francisco Guerrero y María Grana, nos cuentan su experiencia.
Benedicto XVI ha tomado felizmente el relevo de las Jornadas Mundiales de la Juventud que hace veinte años comenzara su predecesor, Juan Pablo II. El objetivo primero de estos encuentros era, en palabras del pontífice, acercarse a los desafíos que se presentan a los jóvenes de hoy y, confirmando la confianza del Santo Padre en ellos, invitarlos a proclamar con valentía el Evangelio y ser constructores intrépidos de la civilización de la verdad, del amor y de la paz.
Colonia era la primera vez para Benedicto XVI, pero también para miles de jóvenes. Entre ellos Francisco Guerrero, de 23 años, seminarista en la diócesis de Málaga, y María Grana, que va a comenzar la carrerra de medicina. Son dos de los malagueños que se han unido a la peregrinación diocesana organizada por el Secre-tariado de Pastoral de Juventud. Con ellos vamos a hablar.
¿Qué os hizo acudir a la Jornada Mundial de la Juventud?
Francisco: “Ya me quedé con ganas de ir a Toronto en el 2002, así que cuando vi que se acercaba la de este año, no quería perdérmela. Además desde el Seminario me invitaron a que fuese con los jóvenes de la diócesis y compartiese con ellos esta nueva experiencia”.
María: “A mí al principio me movía la curiosidad. Nunca había asistido y quería ver qué tenía el nuevo Papa que decirnos. Luego pensé que quizás no tenía nada que hacer allí. Finalmente escuché el testimonio de antiguos peregrinos y me decidí a ir. No me arrepiento.”
¿Qué momentos destacaríais?
F.: “El día de la peregrinación a la Catedral de Colonia y la llegada del Papa.”
M.: “Yo me quedaría con la vigilia. A pesar del frío y del cansancio, buscábamos las fuerzas necesarias para escuchar. Algunos tienden a criticar la Jornada, considerándolo un evento más social que religioso, pero allí se demostró que no es así. Aportamos diversión, la alegría de la juventud, intentamos contagiar nuestra felicidad, pero sabemos qué es lo que nos reune allí.”
¿Qué importancia tiene la figura del Papa en vuestra fe?
F.: ”Nuestra fe, como la de cualquiera católico, se fundamenta en Jesucristo. El Papa es aquel elegido por Dios para confirmarnos en esa fe”.
M.: “Me gusta saber que el Papa nos tiene en cuenta y que conoce los asuntos que nos conciernen”.
¿De qué os ha servido la experiencia?
F.: “La visión es alentadora, miles de jóvenes unidos por una misma razón: Jesucristo. La idea de Iglesia se amplía, se estrechan lazos con hermanos de diferentes países. Volvemos a nuestro país por otro camino, dando testimonio de lo que hemos visto y oido”.
M.: “Se acabó eso de dejar a otros la misión de ser luz para los demás, Allí se ha demostrado que somos una gran fuerza que sabe volcarse por aquellos en lo que cree”.
