Este domingo 16 de octubre, celebramos el Día de la Catequesis, una fecha en la que se nos dirige una “llamada a ser conscientes de la invitación que Jesús hace a cada uno de los catequistas a lanzarse al mundo a comunicar su Evangelio y a sentirse un enviado de la Iglesia, ya que la catequesis es un acto eclesial”. Con estas palabras nos invita el delegado de Catequesis de la diócesis, D. Juan Manuel Parra, a vivir el día de hoy, porque “la misión del catequista únicamente tiene sentido en el seno de la Iglesia y desde la Iglesia”.
La formación del catequista, por tanto, y la coherencia entre lo que proclama y lo que vive, es una tarea importante. Por eso, hoy nos acercamos a una de las escuelas de catequistas que existen en nuestra diócesis, la del arciprestazgo de Archidona-Campillos, a ver cómo entienden allí el lema elegido para este año: “llamados y enviados”.
Hace unos años, el arciprestazgo de Archidona-Campillos vio la necesidad de ofrecer a sus catequistas un complemento a la formación que cada parroquia les daba. Este proyecto se convirtió en una realidad que sigue dando frutos.
Cada pueblo, cada parroquia, desarrolla unos medios de formación para sus catequistas. Por ejemplo, en la parroquia de Cuevas de San Marcos celebran la “escuela de catequistas” cada 15 días. Pero, para reforzar los lazos de comunión entre los agentes de pastoral de los distintos pueblos y con el objetivo de compartir retos, materiales y experiencias, surgieron dos escuelas arciprestales de catequistas, según la cercanía de los pueblos: una para Mollina, Humilladero, Alameda y Fuente Piedra; y otra para Villanueva de Algaidas, Villanueva de Tapia, Cuevas de San Marcos y Cuevas Bajas.
Este año está previsto que comience su andadura otra escuela en los pueblos de Campillos, Sierra de Yeguas, Teba y Almargen.
Como todo buen proyecto, éste ha ido creciendo y mejorando con los años. Al principio, los participantes de cada escuela se reunían sólo una vez al año, pero ahora lo hacen en tres ocasiones; además, organizan una cuarta reunión para las dos escuelas a la vez.
Comienzan con un tiempo de oración y con la exposición o desarrollo de un tema de interés para todos. Tras la presentación del tema, se da a los participantes unas preguntas para que las trabajen en sus pueblos. Luego se desarrolla una dinámica de catequesis, en la que participan todos los asistentes.
Y, para terminar con buen sabor de boca, se ofrece una merienda en la que se degustaron las delicias y especialidades de los pueblos.
Todo este proyecto tiene razón de ser como continuidad con el trabajo que se viene desarrollando durante todo el curso con los catequistas de las distintas parroquias. Y tiene como objetivos, según el párroco de Cuevas de San Marcos y partiendo del Directorio General para la catequesis, “la maduración humana y cristiana con un mayor conocimiento de Dios, encontrándonos con Jesucristo y favoreciendo el compromiso espiritual; tomar conciencia de nuestro papel en la evangelización del hombre de hoy; y obteniendo una formación que llegue a hacer de la catequesis una escuela de fe”.
El lema del “Día de la Catequesis” de este año dice de los catequistas que son llamados y enviados. La cuestión importante es a qué son enviados y cómo se les envía. Guillermo Tejero, párroco de uno de los pueblos que estamos visitando hoy a través de estas líneas, Cuevas de San Marcos, nos cuenta que, en esta parroquia, el envío de los catequistas se hace en la Eucaristía de inicio de curso. Una celebración en la que participan todos los agentes pastorales de la parroquia: los miembros de Pastoral de la Salud, el grupo de liturgia, los niños de catequesis, el equipo de limpieza, Cáritas, el grupo de matrimonios, Adoración Nocturna, las cofradías, los jóvenes, el Movimiento Rural Cristiano, etc. Este año se celebrará hoy, domingo, a la 1 de mediodía.
Según Guillermo, la ceremonia de envío de los catequistas pretende recordarles que prestan un servicio a toda la comunidad parroquial y tienen que trabajar unidos a todos los demás. En esta misa, los feligreses de esta comunidad parroquial se han planteado 7 retos concretos: ser una parroquia acogedora, que anuncia la Palabra por todo el pueblo, que quiere ser vida para todos, que busca la unidad, que se encuentra con Cristo Resucitado, que dialoga y que es testigo de esperanza y de amor.
