Los días 14 y 15 de noviembre, miércoles y jueves, se celebrarán en el salón de actos del colegio de las Esclavas del Divino Corazón, en calle Liborio García, a las 7,30 de la tarde, las XI Jornadas sobre Migraciones.

En esta ocasión, han elegido como hilo conductor de estos días de reflexión el lema “El inmigrante, ¿un trabajador?”, por ser uno de los temas candentes y actuales en nuestra sociedad.

Según los datos ofrecidos por la Secretar ía de Estado de Inmigración y Emigración, “en el periodo que va desde principios de 2001 a la actualidad, el número de trabajadores afiliados y en alta laboral en la Seguridad Social se ha incrementado en 4,1 millones de personas. El 41% de este incremento, es decir, 1,7 millones, corresponde a trabajadores extranjeros. Y es que, el empleo es uno de los pilares fundamentales para la integración de cualquier colectivo, por lo que esta evolución de creciente presencia de trabajadores extranjeros en el mercado laboral español permite pensar con optimismo en el futuro para los millones de extranjeros residentes en España”.

Ante esta realidad, el secretariado de Migraciones ha invitado al director del Departamento de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal, Manuel Barco, para que explique a los participantes en las jornadas qué se está haciendo en España con respecto a la inmigración y el trabajo.

Han elegido este tema porque piensan que “es necesario sensibilizar a nuestra sociedad del verdadero papel que desempeñan los inmigrantes en la economía española. Vivimos un momento en España, yo diría en Europa, donde el inmigrante resuelve, en gran parte, la realidad de mano de obra precaria, sobre todo en aquellos trabajos rechazados por los españoles. El número de extranjeros que vive entre nosotros, incluidos los sin papeles, supera los 5.000.000. De ellos, a 11 de julio de 2007, estaban afiliados a la Seguridad Social 2.144.008, lo que supone el 11,08 % del total de trabajadores afiliados y en alta laboral en España. Además, se ha de tener en cuenta el ingente número de inmigrantes que trabaja en la economía sumergida y que son objeto de todo tipo de explotación”.

La Iglesia de Málaga ya se está moviendo, pues según el secretariado, los cristianos “pueden sensibilizar, apoyar al inmigrante, acogerlo en nuestras comunidades cristianas, atenderlo ante necesidades urgentes, ofrecer cursos de formación, tener casas de acogida, decir una palabra ante las injusticias que muchas veces se cometen contra ellos, facilitarles la búsqueda de empleo… y de hecho se está haciendo, pero lo que no está en nuestras manos es lograr que todo inmigrante tenga un puesto de trabajo digno, pues el trabajo es necesario y urgente para que puedan vivir con la dignidad de personas que merecen”.