Queridos ciudadanos de Málaga y de Melilla, queridos miembros del pueblo cristiano: al llegar la Navidad, cuando los católicos celebramos el nacimiento del Hijo de Dios, rezo por todos vosotros a nuestro Señor Jesucristo y hago extensivo a todos el mensaje que he dirigido a los sacerdotes, religiosos y religiosas de la Diócesis de Málaga.
En el primer domingo de Adviento, que se celebró día 2 de diciembre, san Pablo nos invitaba a revestirnos de Jesucristo, a configurarnos con Él. Y es que en eso consiste la santidad, a la que estamos llamados: en tener los sentimientos de Jesucristo; en acoger su palabra en nuestra inteligencia y en nuestro corazón; y, como Él, en pasar por el mundo haciendo el bien. Es un camino tan apasionante como difícil, especialmente hoy, cuando nuestras inclinaciones interiores al mal, los llamados pecados capitales, se ven reforzadas por una cultura que trata de olvidar a Dios y de vivir de espaldas al Evangelio.
Los seguidores de Jesús sabemos por la fe que el Espíritu Santo que se nos dio en el bautismo habita en nosotros, nos renueva sin cesar y nos une en la comunión y en el servicio. Él es la fuente de agua que mana para la vida eterna y que nos va transformando pacientemente al ritmo de los días. Aunque está presente en nuestros corazones como en un templo, su acción santificadora se realiza con mayor intensidad en la celebración de los sacramentos; de manera particular, en la Eucaristía.
Por eso, este año, en que tenemos como objetivo principal de nuestra labor pastoral “celebrar el Misterio Pascual en la fe de la Iglesia”, os deseo a todos una feliz Navidad, en su sentido más profundo. Pido a Dios que nada os distraiga en la celebración de la penitencia y de la Eucaristía a lo largo de este tiempo de Adviento, y especialmente en la noche santa en que conmemoramos el nacimiento del Hijo de Dios en Belén.
Esta celebración gozosa no sólo nos configurará con el Hijo de Dios, sino que nos acercará más eficaz y entrañablemente a los demás, pues como dice atinadamente nuestro Plan Pastoral, “hay un vínculo indisoluble entre la celebración y el servicio, puesto que el Dios Salvador que viene a nosotros en Jesucristo se ha identificado Él mismo con los pobres y pequeños”. Y dado que sus discípulos hemos encontrado en Él el mejor tesoro, la celebración sacramental de su venida es la fuente de la alegría más limpia y de la paz más serena que podemos anhelar.
Éste es mi deseo en Navidad para todos vosotros, que os revistáis de Jesucristo y os convirtáis en una presencia amiga para cuantos os rodean, familiares y miembros de vuestra comunidad. En especial , para los que se sienten más solos, como pueden ser los enfermos, muchas personas mayores e incluso aquellas que tienen cuanto se puede comprar, pero no saben que Dios las ama personalmente y que se ha hecho presente en nuestra historia bajo la forma de un niño para hacernos partícipes de su bondad y de su bienaventuranza.
Y nos os olvidéis de rezar al Niño de Belén por éste, vuestro hermano en la fe, que os bendice y ruega también por vosotros.
+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga
Vídeomensaje
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